Nadie creía en mi, pero a la vez, todos los hacían; nadie me entendía, pero a la vez, todos tenían algo que decir.
No había sido una decisión consensuada, ni mucho menos apresurada, había sido sólo una decisión y ya... tal vez, y diría que no me equivoco, la decisión más difícil de mi vida hasta aquél entonces.
Y ahí estaba yo, los días pasaban y tantas cosas aún por hacer. ¿Sería bueno despedirme o no? ¿Tendría que pedir opiniones o no? A fin de cuentas, sin mirar atrás, yo ya me había hecho un cronograma de todo lo que tendría que hacer al llegar a aquél tan expectante destino, que me esperaba con brazos tan llenos de energía como de reproche y miedos.
Finalmente, todo estaba listo o eso creía yo. Mis sentimientos no lo estaban pues... aquél esperado 16 de Mayo de 2016, ni ellos ni yo, habíamos caído en cuenta, que no había marcha atrás. Los nervios me atacaron, el miedo también, la espera que desespera hizo su trabajo y el llanto llegó.
En ese momento, hace casi tres años, la duda se apoderó de mi, aquella que diez días atrás, había estado sigilosa y sumisa, casi imperceptible, acechando sin dejarse notar; tal cuál aquél León que lleva días marcando la rutina de su presa para, en el momento más oportuno, abalanzarse sobre ella y clavarle las filosas garras.
Pues si, a mi me alcanzó aquella fiera despiadada, aquél resumen de acciones, únicamente derrotada por la sustentabilidad de mi decisión, decisión que por un minuto o dos, parada frente a la puerta de embarque y rodeada de mi familia y amigos, flaqueó sin titubear.
Finalmente, y tras un consenso interno conmigo misma, avancé; no dudé en abrazar y besar a los que quería, a algunos, sin saber si les volvería a ver pero... sin mirar atrás, avancé aunque... ¡Miento! Si que miré atrás y aún hoy en día, miraría de nuevo porque... si tienes un motivo para mirar atrás, es porque has dejado un camino, bueno o malo, dependerá de ti pero lo cierto, es que si tienes motivos para mirar atrás es porque has vivido.
Las siguientes dos horas fueron la espera eterna. No se hicieron esperar los mensajes ¿Ya te subiste al avión? ¡Avisa cuando llegues! ¡Feliz viaje! Y mientras tanto yo, en aquella sala de embarque, con la espera que desespera, escuchando, como no es de extrañar, que el vuelo que salía con rumbo a Madrid, desde el aeropuerto de Maiquetía, se había retrasado.
Poco a poco se escuchaba por megafonía como se llamaban a las personas de aquél vuelo para revisarles las maletas... uno siempre con la mosca tras la oreja esperando su turno pero no, a mi no me llamaron. Tu respiras, respiras a pesar de que sabes que no llevas nada malo pero igual... respiras y es así, como luego de respirar... tras una hora y poco más de retraso, aquél vuelo de Conviasa, tomaba rumbo a las 20:15 hras de la tarde, para llevarme a mi destino.
Es aquí, dónde comienza mi aventura y para ti, que me lees... déjame decirte que si llegaste hasta aquí, es porque tal vez, encontraste el blog correcto pero si no... ¿Que más da? De igual forma, nunca lo sabrás.

Excelente narrativa, fresca y ligera, sin convoluciones literarias (cualquier cosa que ello signifique), que tratan de adornar, pero terminan siempre enredando el mensaje. Al respecto de la experiencia, que te puedo decir! Yo pase por lo mismo hace 16 años ya!
ResponderEliminarMuchas gracias por tu comentario, son la clase de palabras que me inspiran a seguir escribiendo.
EliminarUn saludo.